lunes, julio 14, 2008

Confluencia

Laura está sentada sobre el piso del balcón mirando caer la lluvia. La última vez también llovía. Es como si el asunto estuviera siempre ahí rondando, y que las gotas que terminan por rebalsar el vaso son las que aporta la lluvia. No es que siempre que llueve, Laura quiera suicidarse, sino que un día lluvioso es parte necesaria de la ecuación que resulta en su intento de suicidio. Al igual que sucede con las puertas de madera, su depresión se hincha con la humedad.

Los semáforos parecen formar parte de una conspiración en contra de Claudio. La luz verde se comporta como los espejismos que se ven a lo lejos sobre la ruta, esos que se esfuman metros antes de que uno pueda alcanzarlos. Encima llueve, y cuando llueve la ciudad es un caos. Todo el mundo saca el auto, todo el mundo sale a la misma hora del trabajo, siempre la misma historia.

Evangelina camina sosteniendo un paraguas verde que le regaló mamá. Sobre el asfalto conviven nervios, bocinas, maniobras complicadísimas y decenas de autos y colectivos enredándose en un enjambre insoportable. En las veredas, el panorama no difiere demasiado. Superpoblación de peatones y sobre todo de paraguas. Se complican las veredas con tanto paraguas. Se crea una coreografía constante y pintoresca en la cual los refugios portátiles se elevan, descienden, se abren, se cierran, se vuelven a abrir…

Esta vez no habrá pastillas. Mamá o papá volverían a encontrarla inconsciente sobre su cama. Llamarían nuevamente al hospital para que la ambulancia pudiera venir a buscarla y los doctores estuvieran todavía a tiempo de hacerle un lavaje de estómago como el año pasado. Esta vez no habrá pastillas.

Con una mano sostiene el paraguas, con la otra, aprieta el celular contra la oreja para escuchar a su madre. Ha estado hablando con ella durante las últimas cinco cuadras. ¡Bueno mamá! Estoy yendo para allá, te sigo contando cuando llego. Nos vamos a quedar sin tema de conversación si no. Sí, me faltan un par de cuadras para llegar a la parada del 64. Más o menos en cuarenta minutos andaré por allá. Chau. Cómo habla mi vieja.

Laura se incorpora lentamente. Basta un paso para quedar junto a la baranda. Decidida levanta la pierna derecha y la pasa por sobre la plateada barra de hierro, hoy cubierta de gotas. Luego, con sumo cuidado, la izquierda. Está sentada. Decenas de metros entre el suelo y las plantas de sus pies, sus manos aprietan el hierro. No mira hacia abajo. Su mirada se clava en el edificio de enfrente. Nadie la mira.

Cuando puede, Claudio hunde el acelerador del Peugeot. Cristina debe estar como loca. Siempre lo mismo con vos Claudio, ¿algún día podremos llegar temprano a algún lugar? Odia entrar al cine con la película empezada. Ya está cerca, le faltan tres cuadras. Seguramente lo está esperando abajo, en el hall de entrada del edificio. Ni siquiera el último semáforo del trayecto lo perdona: rojo. Claudio golpea el volante y se detiene resignado. Detrás del Peugeot frena el 64.

El reloj, dedos que se aflojan, siete menos veinte de la tarde, lluvia, ventanillas levantadas, ojos que se cierran, qué frío que hace, embriague hundido, la depresión, el colectivo, luz verde, falta de decisión, primera, los dedos vuelven a aferrarse, liberar el embriague, teléfono, aceleración, otra vez mamá, se hace tarde, los dedos se sueltan, segunda, estoy por tomar el colectivo mamá, Cristina me va a matar, el peso hacia adelante, brazo estirado, tercera, caída libre, estallido de parabrisas, pérdida de control, teléfono celular en el aire, árbol, el 64, gritos, sangre, lluvia, vidrios, muerte, muerte, muerte.

3 comentarios:

Na dijo...

Sin palabras, solo excenlente

Que bueno tenerte de vuelta en el bolg

Saludos

Anónimo dijo...

Bueno, mas que bueno....buenisimo.
La lluvia tambien desata cosas, como las hormigas, (creo en el Tigre).
Cariños
Graciela M.

Collage dijo...

escribiste un corto en tiempo real...

que es justo lo que tengo que hacer ahora... como la tenes clara, cualquier cosa te pregunto. Me encanta la lluvia como elemento estético, bárbaro. Hacía un monton que no pasaba por acá, desde Azogalia :P
Me gustó mucho Matías!
Dani(Tangerine)