jueves, diciembre 20, 2007

eternoremife

Caleidoscopio


Imagine una muchacha o un muchacho y deje a mi cargo el bautismo. Su gracia será Ankrilde. Si, Ankrilde. Porque es un nombre que acabo de inventar, y porque viene bien tanto para hombre como para mujer. Además si le pongo Juan, Pedro o María, seguramente eso le remita a alguien que usted ya conoce y este asunto perdería instantáneamente gran parte de su gracia.

Muy bien. Proceda ahora a otorgarle un rostro. Confórmelo como usted quiera; elija el color de los ojos, el ancho de la frente, la densidad de las cejas… todo. Construya a gusto y placer, hágalo como se le antoje, usted viene a ser algo así como Dios en este momento.

Se supone que a esta altura Ankrilde ya tiene cara, entonces puede usted elegirle un cuello, un buen par de hombros y brazos, un pecho acorde a su sexo y todas las cosas que una persona suele tener del cuello para abajo. Provéalo (provéala) de piernas, de pies y de dedos en los pies. También va a necesitar genitales, uñas y codos. Si aún no se los ha otorgado, hágalo ahora. Obsérvelo bien y tómese su tiempo para completar el cuerpo cuidando de no olvidar nada. Lo mismo si es mujer, tan sólo que observándola en lugar de observándolo.

Si llegó hasta este punto, Ankrilde habrá de ser una persona hecha y derecha. Habrá definido su carácter, su forma de ser, las cosas que le gustan y las cosas que le dan miedo, así como también su color y comida favoritos. No sería extraño que usted ya se haya encariñado con este nuevo habitante de su imaginación.

Ahora bien, lamento decirle que en este punto vuelvo a apoderarme de Ankrilde. Sí, ya sé, es una decisión bastante autoritaria, pero es una de las posibilidades que me otorga ser la persona que escribe este texto. Podría usted dejar de leer a partir aquí, pero eso no evitaría que Ankrilde me pertenezca, puesto que ya ha leído la parte en que pasa a mi poder, y no se puede “des-leer” algo que uno ha leído. Por lo tanto, aunque le de bronca, ahora el destino de su reciente creación está en mis manos, y voy a permitirme matarla sin sentir ningún tipo de piedad ni de arrepentimiento. Después de todo es usted y no yo el encariñado. No intente entenderme ni lo tome como algo personal, aunque puede enojarse conmigo si quiere. Piénselo así: ahora tiene posibilidad de comenzar a leer nuevamente este texto y crear de nuevo a Ankrilde, esta vez sin todos esos defectos e imperfecciones que tanto le molestaban de su persona.

Lo interesante de todo esto radica en que existirán tantos Ankrildes como lectores den con estas líneas. Cada uno distinto del otro, cada una distinta de la otra. Le pido disculpas por destruir lo que con tanto esmero había creado, pero es parte de este juego, y no siempre, más bien casi nunca, se pueden elegir las reglas de los juegos en los que uno participa.

Una última cosa: si desea crear otro u otra Ankrilde y luego evitar la expropiación que deriva en ese final tan cruel que usted ya conoce, puede comenzar a leer el texto nuevamente, pero esta vez sin ingresar en el párrafo asesino, abandonando la lectura justo antes de transitar sus líneas teñidas de inevitable muerte. Eso sí, en ese caso Ankrilde quedará de su lado y lo que de ahí en más suceda será problema suyo. Haga como quiera.

3 comentarios:

Alan dijo...

Muy bueno, me gustó mucho el juego, y el giro final. Me recuerda, por el estilo, a algunos relatos breves de Leo Masliah.

Saludos.

hacia mucho calor dijo...

jajajja ...maldito bastardo! lo uba leyendo detenidamente muy entusiasmada hasta el moemnto de la aniquilación, eso no me gustó. Baj ... atrapante el deselnace, y no, no lo volví a leer sin el asesinato, mucha responsabilidad hacerse cargo de una creación, anda a saber qué hará. Gracias por agregarme che!

AnimaKata dijo...

Hola! gracias por visitar mi blog. Me encantó este post, muy original y entretenido. Me costó aniquilar a la criatura por ser de mi creación! pero lo hice y después releí y creé un Ankrilde mucho más perfeccionado.
Lo lindo de la imaginación es que no tiene límites.
Te seguiré visitando
besos!
georgi