miércoles, enero 09, 2008

Cambios

Recorre su jardín desparramando un puñado de pasos sobre el verde al que, sin notarlo, se ha acostumbrado. Desde que tiene memoria el árbol de sus días se deshoja lento y sereno. Sin un destino establecido, se deja llevar por sus pies que, descalzos, despeinan el pasto. Cierra los ojos para ofrecer su rostro al sol, mientras su mente juega a encontrar recuerdos de esos que dibujan sonrisas.


De pronto un escalofrío, como un fantasma helado y fugaz, recorre su espalda. Algo no está bien… No sabe qué exactamente, pero el aire está raro. Gradualmente la brisa comienza a perder su paz para desbocarse en vientos furiosos. Nubes vestidas de grises oscuros hacen vibrar el suelo bajo sus pies. La luz que el sol regalaba está ahora atrapada en el cofre de algún instante ya consumado. Instante que perdurará eternamente allí donde nada puede alterarse. Entonces un relámpago abre una herida blanca en el cielo y la lluvia llega para inundar sin piedad, improvisando ríos que arrastran todo a su paso y arrancan las raíces de su esperanza. Siente miedo, se siente pequeña: demasiado pequeña ante la inmensidad y sólo le queda llorar. Sus lágrimas se pierden en el río que la arrastra. A la deriva y ya sin fuerzas, naufraga entregando su alma a una noche que detiene a su antojo el paso del tiempo, extendiéndose imposible.

...

Reina la claridad de un día nuevo y los párpados no son refugio suficiente para sus ojos. Despierta, y aunque todavía se siente aturdida, una blanca sensación de paz descansa en su pecho. El viento sopla frío: en contadas ocasiones lo ha hecho de otro modo en el epílogo de una tormenta. Sopla y de a poco le devuelve al cielo el azul que había perdido; empuja y despierta oleajes tímidos en los charcos que ayer fueron río.

Con el pelo y la ropa todavía húmedos, encoje los hombros y cruza los brazos mientras recorre el lugar al que, sin decidirlo, ha llegado: el viento y los charcos son indicios de que la lluvia realmente existió, de que ese río impiadoso que la arrastró durante horas eternas no fue parte de algún sueño oscuro.


Recuerda su peor momento, cuando la corriente ahogó sus esperanzas convenciéndola de que no había forma de resistir ante semejante fuerza. Sin embargo aquí está, caminando nuevamente. Es cierto, nada volverá a ser como antes y en cierta forma eso la angustia: su cuerpo ya no es el mismo, ella ya no es la misma. El dolor que hoy alimentan los golpes y los rasguños se apagará con el correr de los días pero las cicatrices no van a abandonarla. Se encuentra lejos de su jardín y no se engaña: nunca volverá a pisarlo, probablemente ni siquiera exista ya…

5 comentarios:

Matías dijo...

Ante la vista de lo sublime perdemos parte de nuestro ser, y los restos... que los restos se arreglen solos, ya no importa.

Matías dijo...

Muy bueno lo poco que leí, me gustaría que continúe, si es que debe.
Saludos

Lau dijo...

aloh aloh!

las cosas que uno encuentra boludeando a la madrugada!!

bonito su blog,

comparto muchas de sus recomendaciones del perfil,

asique lo invito a pasar por el mio si gusta!

un saludo!

marian dijo...

pobre niña, la vida mesma es tormentosa, gustan sus poéticas advertencias

Anónimo dijo...

HOLA! lindo blog, yo tambien soy de lujan y me gustaria contactarme con vos... saludos, mi mail es MI_HONESTIDAD_BRUTAL@HOTMAIL.COM
NATALIA